Los robots cuadrúpedos – ayudantes del futuro – ya no son solo ciencia ficción. Supervisan en obras, son capaces de mapear entornos peligrosos y algún día podrían incluso traerle café. Sin embargo, con el progreso surgen nuevas preguntas: ¿cuánto podemos confiar en estas máquinas? ¿Y dónde encontrarán su lugar, desde hogares hasta terrenos difíciles? Veamos qué pueden hacer hoy en día robots como el Kawasaki CORLEO.

Los robots cuadrúpedos – máquinas de cuatro patas que se mueven como animales mientras llevan tecnología de punta – hace tiempo que no son solo un sueño de ciencia ficción. Pronto podríamos verlos en obras de construcción, terrenos difíciles o incluso en hogares, donde ayudarían con tareas rutinarias. ¿Hasta dónde podemos llevar la autonomía de estas máquinas? ¿Y dónde podrían ser de ayuda en el futuro?
En lugares donde cada paso es potencialmente peligroso – por ejemplo, en áreas minadas – los robots cuadrúpedos están comenzando a encontrar su uso en operaciones de seguridad y defensa. Máquinas como Talon o Dragon Runner ayudan, gracias a sus sensores y cámaras, a identificar explosivos y localizarlos de manera segura.
Además de su actividad autónoma, también son capaces de trabajar juntos – por ejemplo, en sistemas que conectan drones con robots terrestres. Estas combinaciones representan una nueva generación de máquinas diseñadas para trabajar en entornos extremadamente exigentes, donde el riesgo para los humanos es alto.
Algunos modelos, como Vision-60 o Thermonator, están probando experimentalmente funciones para la defensa activa. Sin embargo, su desarrollo también plantea cuestiones delicadas: ¿dónde termina la ayuda técnica y comienza la toma de decisiones autónoma sobre el uso de la fuerza? ¿Cómo podemos asegurarnos de que la tecnología permanezca bajo control humano completo?
Experiencias, por ejemplo, de la prueba del robot Spot por el ejército francés durante ejercicios, muestran el potencial para llevar a cabo exploraciones sin poner en riesgo directo a las personas. Sin embargo, esto también plantea un debate apremiante sobre qué pueden (o deberían) hacer estas máquinas de forma autónoma y quién será responsable si ocurre un error.

El sector civil está comenzando a descubrir nuevas posibilidades de uso de los robots cuadrúpedos – en sitios de construcción y hogares. El ejemplo más conocido es Spot de Boston Dynamics, un robot de cuatro patas que se mueve a 1.6 m/s, se carga de forma autónoma y gracias a su construcción modular puede llevar sensores o incluso un brazo robótico.
Spot ya ha sido desplegado en proyectos piloto en obras de construcción, donde monitoreó el progreso del trabajo, o en misiones de rescate, donde mapeó áreas peligrosas – como un asistente incansable que observa y recolecta datos en tiempo real.
¿Y qué hay de los hogares? Aquí se abre el capítulo de las "mascotas AI". Imagine un robot que no solo reacciona a comandos, sino que gracias a la inteligencia artificial generativa comprende sus gestos y aprende del entorno. Empresas como Samsung ya están experimentando con diversos robots que podrían hacer esto.
El más famoso es el robot Ballie, una bolita sobre ruedas que observa lo que ocurre en el hogar y se comunica con dispositivos inteligentes. Aunque Ballie no es cuadrúpedo, muestra la dirección hacia la cual se dirigen los robots domésticos – a una interacción natural y al papel de compañeros.
En el futuro podrían existir robots cuadrúpedos con revestimiento de nailon suave, que serían seguros incluso para niños y ancianos, y al mismo tiempo capaces de traerle un café o vigilar la casa.

Si está buscando algo verdaderamente futurista, entonces está Kawasaki CORLEO, presentado en la Osaka-Kansai Expo 2025. Este "caballo robótico" está diseñado para ser conducido por una persona como motocicleta, mientras se mueve sobre cuatro patas con la gracia de un animal.
Lo impulsa un motor de hidrógeno de 150 cm³ que solo produce vapor de agua, lo que lo convierte en una alternativa ecológica a los vehículos tradicionales. Cada pata tiene un mecanismo articulado y "pezuñas" de goma que aseguran la estabilidad sobre pasto, rocas o grava.
CORLEO se controla mediante el movimiento del cuerpo – los sensores en el manillar y en los estribos detectan su centro de gravedad, por lo que conducirlo es intuitivo, como si realmente estuviera montando un caballo. La máquina está inspirada en la naturaleza – la agresividad del lobo, la agilidad del ciervo y la velocidad del pantera – y gracias a AI puede analizar el terreno y planificar movimientos en tiempo real.
Por la noche incluso proyecta marcas luminosas para que el jinete vea hacia dónde se dirige el robot. Aunque todavía es solo un prototipo, Kawasaki lo presenta como una visión de movilidad para el año 2050.

Los robots cuadrúpedos son impresionantes, pero su desarrollo es un desafío considerable. Los modelos actuales como Spot logran una autonomía parcial, pero todavía necesitan supervisión humana. El objetivo de las compañías tecnológicas son máquinas completamente autónomas que tomen decisiones por sí mismas.
Un gran obstáculo es la duración de la batería: los robots actuales funcionan de 90 a 180 minutos, pero los investigadores sueñan con una autonomía de una semana. Y luego está el precio. Spot cuesta 74,500 dólares, lo cual no es una cifra pequeña. Según algunas estimaciones, podría lograrse reducir el costo a menos de 10,000 dólares en el futuro.
La clave para alcanzar los objetivos establecidos es el avance en inteligencia artificial. La AI generativa ya permite programar robots en lenguaje natural – en lugar de codificar, basta con decir: "Ven, revisa el garaje". La AI predictiva, por su parte, ayuda a prever fallas, lo que ahorra costos de mantenimiento.
Con la creciente autonomía de los robots, surgen preguntas importantes. ¿Cómo garantizar que los procesos de decisión de estas máquinas permanezcan bajo control humano? ¿Quién debería ser responsable si la tecnología falla: el desarrollador, el usuario, o todo el sistema? También en el entorno civil es necesario tratar cómo proteger la privacidad si los robots interactúan con personas y recopilan datos de los hogares. Los marcos legislativos deberán mantener el ritmo del desarrollo tecnológico.
Otro dilema es la aceptación social. La gente ama a sus perros y gatos, pero ¿estarán dispuestos a cambiar una mascota viva por una robotizada? ¿Y qué hay del sentimiento de ser observado por una máquina que parece salida de Terminator? Empresas como Boston Dynamics lo saben bien y tratan de ajustar su diseño, tal vez con un revestimiento suave o movimientos amigables, para que sean más agradables y adorables.
Los robots cuadrúpedos están en la encrucijada entre la ciencia ficción y la realidad. Ya sea que sirvan como compañeros, exploradores o asistentes en entornos difíciles, una cosa es segura: las máquinas de cuatro patas ya no son solo futuro, están aquí cambiando el mundo que nos rodea.

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