Con el creciente número de dispositivos inteligentes en los hogares, también aumentan los riesgos de seguridad. Las bombillas, timbres y frigoríficos inteligentes saben más sobre nosotros que nuestro mejor amigo. Te contaremos cómo disfrutar de la comodidad de un hogar inteligente mientras conservas tu privacidad.

El número de dispositivos inteligentes en los hogares está en aumento: por ejemplo, en los EE. UU., el hogar promedio posee alrededor de 13 dispositivos. Sin embargo, algunos expertos señalan que cuantos más dispositivos inteligentes tengamos, más vulnerables nos volvemos. ¿Es un hogar inteligente una ventaja o una carga innecesaria? Vamos a explorar juntos.
Imagina que todas las cosas a tu alrededor - tu nevera, televisión, bombillas, e incluso tu coche o una maceta - pueden 'hablar'. No en lenguaje humano, pero sí enviándose mensajes e información entre sí a través de internet. Esto es el Internet de las cosas, comúnmente conocido como IoT.
Según estimaciones actuales, en 2024 había más de 27 mil millones de dispositivos IoT conectados a nivel mundial. Estas cifras crecen dramáticamente cada año, y los analistas predicen que para 2030, el número de dispositivos conectados podría superar los 75 mil millones.
¿Suena genial y útil, verdad? Pero hay un problema: todos estos dispositivos inteligentes recopilan mucha información sobre nosotros. Saben cuándo estamos en casa, qué comemos, cómo dormimos y con quién hablamos. Y eso es exactamente a lo que muchos expertos están prestando atención.
Mientras te frotas los ojos y te estiras, tu pulsera inteligente ya sabe cómo fue la calidad de tu sueño. Ha registrado cada uno de tus movimientos, medido tus pulsaciones y evaluado si dormiste bien o te moviste de un lado a otro.
Tu teléfono analiza qué noticias lees en el desayuno y cuánto tiempo pasas en cada artículo. En el camino al trabajo, el sistema de navegación de tu coche sigue las rutas favoritas, la velocidad de conducción y el estilo de manejo. ¿Te suena a ciencia ficción? Desgraciadamente no. Esta es la realidad del mundo actual, donde cada paso que damos, cada decisión y cada rutina deja una huella digital.
La mayoría de estos datos se recopilan con buenas intenciones: para que la tecnología pueda servirnos mejor, prever nuestras necesidades y ahorrar nuestro tiempo y energía. Pero como cada moneda, esta también tiene dos caras. Imagínate que alguien tuviera acceso a toda esta información.
Sabría no solo cuándo estás en casa y cuándo no, sino también tu rutina diaria, con quién te relacionas, qué te interesa y cuáles son tus hábitos. Es como tener un observador silencioso a tus espaldas, que lleva un diario detallado sobre ti.

Lo primero es darte cuenta de que no todos los dispositivos necesitan estar conectados a internet. Quizás es agradable tener una bombilla inteligente que se enciende cuando llegas a casa. Pero ¿realmente tu hervidora de agua necesita saber cuándo tomas té? ¿Y tu cepillo de dientes tiene que enviar datos sobre cuánto tiempo te cepillas los dientes?
Todo comienza con la elección y compra de un dispositivo inteligente. Empezamos con lo más importante: la marca y el vendedor. Las empresas establecidas no pueden arriesgarse a perder su reputación vendiendo productos inseguros. Además, tienen los medios para desarrollar características de seguridad y actualizaciones regulares.
Ten cuidado especialmente con los dispositivos que no permiten cambiar la contraseña predeterminada o utilizan medidas de seguridad débiles. Otro aspecto clave son las actualizaciones. El fabricante debe proporcionar parches de seguridad y correcciones regulares. Sin ellas, tu dispositivo es vulnerable a ataques.
Antes de comprar, investiga qué datos recopilará el dispositivo y con quién los compartirá. Toda esta información debe estar fácilmente disponible en el sitio web del fabricante o en sus políticas de privacidad. Y finalmente, hazte una pregunta simple: ¿Realmente necesitas todas las funciones que ofrece el dispositivo? Cada característica adicional que no utilices es como una ventana abierta.

Antes de empezar a utilizar el dispositivo, dedica un momento a su correcta configuración. El primer paso es siempre cambiar la contraseña predeterminada. Los datos de inicio de sesión predeterminados son de conocimiento público y a menudo circulan por internet.
Crea una contraseña fuerte que recuerdes, pero que los hackers no puedan adivinar. Igual de importante es la seguridad de tu red Wi-Fi. ¿Y qué hay de las funciones que no necesitas? Desactívalas. ¿No necesitas el micrófono en una bombilla inteligente o la cámara en un reloj digital? Entra en la configuración de la aplicación y desactívalos.
Para aquellos que desean la máxima seguridad, aquí un consejo extra: crea una red especial en el router solo para dispositivos inteligentes. También revisa la configuración de acceso remoto. Si no necesitas controlar el dispositivo fuera del hogar, limita el acceso solo a la red local.
Existen señales que indican que hay algo mal con tu dispositivo inteligente. El primer síntoma suele ser una lenta velocidad o un comportamiento inusual. Esto puede indicar una infección por virus. El primer auxilio es reiniciar el dispositivo, lo que puede eliminar programas maliciosos de la memoria.
No olvides tampoco las actualizaciones regulares. Algunos dispositivos se actualizan por sí mismos, en otros, debes comprobar la disponibilidad de nuevas versiones. Cuando el fabricante deja de emitir actualizaciones, reemplaza el dispositivo por un nuevo modelo.
Además, apaga los dispositivos cuando no los utilices. Puedes utilizar un temporizador que apague automáticamente los dispositivos, por ejemplo, por la noche o cuando estés en el trabajo. Una buena opción es monitorizar tu consumo de datos. Si tu hogar inteligente comienza a consumir significativamente más datos de lo habitual, puede significar que alguien está abusando de tus dispositivos.
El Internet de las cosas no es un espantajo del que deberíamos tener miedo. Es una herramienta que puede mejorar nuestra vida diaria. Los electrodomésticos inteligentes ahorran energía, vigilan nuestro hogar y se encargan de tareas rutinarias por nosotros. Sin embargo, hay que ser cauteloso y vigilar qué datos recopilan y con quién los comparten.

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